Nueve preguntas a Miguel Sardegna
Cuestionario fijo
Martes 17 de noviembre de 2020
El autor de Los años tristes de Kawabata (Odelia Editora), nacido en 1978 en Buenos Aires, también abogado, docente universitario y jugador de ajedrez responde hoy nuestras preguntas.
1. ¿Cuál es el objeto más antiguo que conservás?
Voy con dos, por las dudas de que con uno esté haciendo algo de trampa. No quiero hacer trampa, quiero estar dentro de la ley.
Por un lado, un pedacito de roca volcánica del Fuji. La última erupción fue en 1707, así que quizás podríamos fecharlo ahí. Me traje a casa ese tesoro en 2015, cuando ascendimos el Fuji-san con Mariana Alonso a tiempo para presenciar el amanecer desde la cima. Bueno, “presenciar” quizás no sea la palabra más exacta. Después de pasar la noche entera en sus laderas, luchando con la lluvia, cuando por fin nos asomamos desde la cima y miramos abajo, hacia el paisaje soñado, la naturaleza nos devolvió nubes y ausencia.
Por otro lado, unos gemelos con las iniciales M y S, de mi viejo, formando un bello entrelazado. Creo que los usé una sola vez. Creo que él tampoco los uso mucho más.
2. ¿Qué libro de otro autor produjo en vos el efecto que te gustaría producir en quienes te leen?
Es difícil responder, porque uno aspira a no ser el mismo siempre. De eso se trata escribir, ¿no? De vivir tantas vidas como sea posible. Tampoco preferí siempre a los mismos autores, así que me voy a arrepentir rápido de esta respuesta. Pero anclado en el riguroso presente, creo que podría ser feliz con una mezcla entre Kawabata, Kafka y Oscar Wilde. Un sueño al ras del suelo, claramente. A la medida de las posibilidades de cualquiera.
3. ¿Lo mejor y lo peor que te dio la literatura?
Lo mejor que me dio es un lugar en el mundo, un modo de vivir y un modo de seguir cada vez que me maltrató un jefe en horario de oficina. En el peor momento de mi vida, cuando mi futuro laboral entraba en una zona de suspenso e incertidumbre, escribí el primer cuento que me gustó de verdad. Llevaba años escribiendo, incluso había tenido suerte en algún concurso, pero recién cuando escribí “Una novela de go” supe que algo mágico había pasado. Lo sentí con todo el cuerpo, como se siente el fracaso y la redención. Ray Bradbury cuenta que le pasó algo parecido con el cuento “El Lago”. Se lo escuché decir en una charla en la Feria del Libro, en el predio que ocupaba detrás de la Facultad de Derecho. Yo estaba sentado en el piso, en una sala abarrotada. Si cierro los ojos, todavía puedo escucharlo. Dijo: El día que terminé de escribir “El lago” supe que sería escritor, y lloré.
Si no leyeron "El Lago", deberían hacerlo. Se trata de uno de los cuentos más hermosos que leí en mi vida. Y el más triste.
Lo mejor que me trajo la literatura es la certeza de un llamado, de una vocación, de un lugar de profunda felicidad.
Lo peor que me dio es la certeza de las propias limitaciones. Saber que no es posible producir el efecto que producen Kawabata, Kafka, Oscar Wilde o Ray Bradbury.
4. ¿Cuál es el libro que más regalaste y por qué?
Excluyendo los que escribí yo, creo que el libro que más regalé es Crónicas del Ángel Gris, de Alejandro Dolina. Por un tiempo, de chico, tuve la idea absurda de que era un buen regalo para enamorar. Nunca pasaba, nunca sirvió de nada.
5. ¿Como qué disco suena la música funcional de tu cabeza?
Tiene que ser algún disco de los ochenta. Es un hecho científico que el mundo llegó a la perfección en los ochenta y que todo lo que vino después fue cuesta abajo. Así que, puestos a elegir, vamos con los ochenta. Cocteau Twins, quizás. O The Mission UK. ¡Hace mucho que no escucho Garden of Delight! Permiso, ya vengo. Bendito sea YouTube.
6. ¿Cuál fue el color más hermoso que viste en tu vida y dónde aparecía?
Es un celeste raro, que tiene también algo de gris y de misterio. Aparece en los ojos de Mariana.
7. ¿Con qué escritor o escritora que ya no pisa el mundo de los vivos quisieras tomar un taller literario?
Con Oscar Wilde. Debe de ser un pésimo tallerista, pero estoy seguro de que me volvería más agudo solo con estar cerca de él. Agudeza y belleza, ¿qué más se le puede pedir a la literatura? Además, me gustaría escuchar alguna de esas historias, o poemas en prosa, que dicen que nunca escribió, sino que prefirió narrar entre amigos, como hizo con “El discípulo” o “El artista”.
8. Un libro que hayas prestado y no te devolvieron.
El elogio de la sombra, de Tanizaki. Lo que más me apena es que tenía mis subrayados, mis marcas de lectura. No recuerdo ninguna, pero los años me han llevado a imaginar anotaciones luminosas, tremendamente sagaces. Notas como pequeños satori, esa iluminación que llega cuando enfrentamos el texto con la ingenuidad de la primera lectura. No volví a comprar el libro, todavía espero recuperar el mío.
9. ¿Cómo ordenás tu biblioteca? ¿Nos mandás una foto?
Mi biblioteca atravesó etapas muy diferentes. Hoy está ordenada por país, y dentro de cada país, por riguroso orden alfabético. Claro que lo de riguroso es algo programático, una expresión de deseo. Espero que no me caiga una auditoría. Ya sabemos que no es uno el que desordena los libros, sino que los libros se desordenan solos. El lugar de privilegio lo ocupan Japón y todo Oriente. Los de Argentina son muy numerosos, hay mucha literatura contemporánea. Les mando la foto de una de las bibliotecas de casa. Asoman el sillón de lectura y la notebook, me gusta eso.
