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Una novela sobre el tiempo

Sobre la primera novela de Mirko Sabatino

"Problemas paternales, escenas de violencia, historias inconclusas, primeros amores y últimos ritos, El verano muere joven es una novela sobre un tema inagotable y siempre igual: la hermandad entre extraños", escribe Leonardo Sabbatella en esta reseña de la novedad publicada por Sexto Piso.

Por Leonardo Sabbatella.

 

El verano, más que ninguna otra estación del año, propicia las aventuras infantiles. El italiano Mirko Sabatino redactó en El verano muere joven (Sexto Piso, traducción de Juan Ramón Azaola) una novela sobre la experiencia heroica de tres chicos que se transforman de una vez y para siempre durante el ocaso de su infancia.

El verano es un territorio de pereza y vitalidad, sin obligaciones y, al mismo tiempo, ideal para soñar todo a la vez. Ahí pareciera darse un modo de vida pasajero, transitorio, donde las experiencias se consumen en su propia intensidad (los “amores de verano”, por ejemplo), pero también donde cada hecho parece dejar una marca de fuego, inolvidable. Hasta los más insustanciales se convierten en acontecimientos excepcionales o, mejor dicho, acontecimientos que un año más tarde ya será imposible repetir. Al fin y al cabo, todos terminan por crecer.

Verano y juventud tienen algo en común: envejecen rápido. El tiempo se comporta de un modo ridículo, arde bajo el sol y arde en el acné de un grupo de adolescentes. Un tiempo mítico es el que viven los tres amigos de doce años, Primo, Damiano y Mimmo. Tres chicos más o menos estereotipados, más o menos previsibles, pero no por eso menos carismáticos y tiernos. Tres muchachos unidos por un acuerdo solemne y pueril, por un pacto mezcla de agua bendita y sangre. Fruto de una sensibilidad neorrealista (no sería extraño que Sabatino fuera fanático de Rocco y sus hermanos), la novela habita un pueblo inespecífico de la costa italiana del Adriático durante los años sesenta.

La recreación histórica no es un dato menor. El verano muere joven, podría resumirse, es una novela sobre el tiempo. Sobre esa tensión entre arder y durar. En esas coordenadas, la época juega un rol romántico, de leve idealización –como suele suceder con los años no vividos–. Sabatino ha declarado: “Los años cincuenta y sesenta siempre han sido mi pasión. Soy un amante sobre todo de la música de esa época, y también de la moda y el ambiente de esas dos décadas de gran agitación”.

El estilo seco y simple, sólido, visual, hace que la lectura sea fluida y que también sea frecuente confundir la novela con una película, con un guion, efecto que tal vez provenga de su investigación sobre las relaciones entre la edición en el cine y la edición en la literatura. En cualquier caso, Sabatino tiene buena mano para los diálogos, y se complementan bien con las derivas mentales y la enumeración de acciones. Proclive a las observaciones participantes (“Damiano se quedó mirándola mientras le fue posible, como quien se demora ante una puesta del sol”) y el señalamiento de olores (“el olor de los pinos empezaba a latir en nuestras fosas nasales”, “el olor del ragú me golpeó en la nariz”), Sabatino trata que su primera novela tenga ritmo y densidad en un mismo movimiento.

El verano muere joven, en cierto punto, se convierte en un libro sobre la venganza. Sobre este aspecto, Sabatino explicó: “La venganza no es una solución, no es racional, pero los hombres no se mueven únicamente de forma racional a la hora de actuar. Tal vez la venganza no cambia nada, como también dice Primo en algún momento de la novela, porque hay sucesos definitivos, irreversibles”. Quizás la novela pierde de vista (o pierde la oportunidad) de indagar la racionalidad de la venganza, que no es un acto irracional (ese es un modo fácil de tacharla, de impugnarla, de negarla) sino más bien ver qué mecanismos y situaciones, que historias, provocan una venganza, cual es la racionalidad, el modo de ver el  mundo, que propone la práctica de la venganza.

Problemas paternales, escenas de violencia, historias inconclusas, primeros amores y últimos ritos, El verano muere joven es una novela sobre un tema inagotable y siempre igual: la hermandad entre extraños.

 

 

 

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