Borges y las elegías anglosajonas
Miércoles 28 de abril de 2010
Martín Hadis, estudioso de Borges y autor de numerosos libros sobre su persona, propone una recorrida por las elegías anglosajones preferidas por JLB.
Por Martín Hadis. Foto: Daniel Mordzinski.
Durante los cinco siglos que van del V al X, el inglés antiguo fue vehículo de creación literaria.
Un hecho curioso es que que de toda la producción poética que puede haber tenido lugar en Inglaterra entre los cinco siglos que van del V al X, han sobrevivido solamente cuatro códices:
- El Libro de Exeter, que pertenece a la catedral de ese mismo nombre
- El Manuscrito Junius
- El Libro de Vercelli, olvidado hace siglos en Italia por unos peregrinos anglosajones camino a Roma,
- y finalmente, el códice llamado Cotton Vitellius, que sufrió graves daños durante un incendio en la biblioteca de Cotton, a la que pertenecía, y que se encuentra ahora en la British Library.
De todos los poemas contenidos en esos cuatro códices, el más famoso es seguramente el de Beowulf, que narra el legendario combate entre el guerrero de ese nombre y una serie de monstruos. Se trata de un poema heroico de 3200 versos. Borges disfrutaba de su lectura, pero la desaconsejaba a los principiantes, ya que emprenderla sin conocimientos suficientes propendía, según afirmaba, "a la deserción y al tedio". Hay sin embargo otro género de la literatura anglosajona por el que Borges se sentía especialmente atraído: el género elegíaco.
Las elegías anglosajonas son poemas escritos en primera persona, que tratan del contraste entre la felicidad de épocas pasadas y el difícil presente del narrador. Se trata de obras que subrayan, en general, la transitoriedad de todos los dones de la vida; lo efímero de las riquezas, la alegría o el mismo bienestar. Las elegías preferidas por Borges son las siguientes:
- La Ruina, cuyo narrador describe el estado de destrozo de lo que antes fue una ciudad llena de alegría y belleza, en los siguientes términos:
"Maravilloso es este muro de piedra; roto por el destino, los castillos están resquebrajados; la obra de los gigantes se desmorona. Han caído los techos, en ruinas están las torres, los portones caídos, heladas las paredes, quebrados los techos, sueltos, inútiles, socavados por el tiempo." (Breve extracto de la traducción de Borges en Literaturas Germánicas Medievales)
- La elegía de El Hombre Errante, en la que un guerrero lamenta su suerte, alejado de su rey y de su gente recorre en soledad mares helados:
"Sabe el que conoce la adversidad cuán cruel es la angustia como compañera para aquel que tiene pocos confidentes. Lo reclaman siempre los caminos del exilio, nunca el oro forjado; siempre el corazón helado, nunca las glorias de esta tierra. Sus pesares le hacen recordar a los hombres en la sala, la entrega de tesoros, y cómo en su juventud lo agasajaba su señor. Pero todos esos goces se han ido. " (Breve extracto de la traducción de M. Hadis en Borges Profesor).
- Y finalmente El navegante, en el que se siente con fuerza un tema que se volverá habitual en la poesía inglesa más tardía, la nostalgia del mar:
Puedo cantar sobre mí mismo un canto verdadero; puedo narrar mis viajes. En días de opresión padeció mi pecho rigores. Las naves fueron para mí cárceles de ansiedad. Terrible era el tumulto de las olas. Me encorvó muchas veces la estrecha guardia de la noche en la proa del barco, al golpear los acantilados. Atravesados por el frío fueron mis pies, atados con helados vínculos por la escarcha." (Breve extracto de la traducción de Borges en Breve antología anglosajona)
Acaso estas elegías fueron las que inspiraron a Borges a escribir el siguiente poema, también de tema anglosajón e inspirado en otra faceta final: la desaparición de los lobos de Inglaterra. En el año 1281, el rey Eduardo I ordenó el exterminio de todos los lobos de Inglaterra.
Diezmados y perseguidos como plagas y amenazas, los lobos se extinguieron en esa nación siglos después de la caída de los sajones. En estos versos, Borges le habla directamente al último lobo sobreviviente, quien, acosado por huestes humanas, vive sus últimas horas en soledad:
Un lobo
Furtivo y gris en la penumbra última,
va dejando sus rastros en la margen
de este río sin nombre que ha saciado
la sed de su garganta y cuyas aguas
no repiten estrellas. Esta noche,
el lobo es una sombra que está sola
y que busca a la hembra y siente frío.
Es el último lobo de Inglaterra.
Odín y Thor lo saben. En su alta
casa de piedra un rey ha decidido
acabar con los lobos. Ya forjado
ha sido el fuerte hierro de tu muerte.
Lobo sajón, has engendrado en vano.
No basta ser cruel. Eres el último.
Mil años pasarán y un hombre viejo
te soñará en América. De nada
puede servirte ese futuro sueño.
Hoy te cercan los hombres que siguieron
por la selva los rastros que dejaste,
furtivo y gris en la penumbra última.
Borges dedicó tres décadas de su vida al estudio del inglés antiguo y su literatura. Este estudio dejó "rastros" en sus obras. El lector curioso podrá encontrar muchos poemas de tema sajón en El Hacedor (1960) y El otro, el mismo (1964), como también en la Breve Antología Anglosajona (1978).
A continuación se transcriben en el inglés antiguo original los extractos de las tres elegías arriba citadas
La reuina (The ruin)
Wrætlic is þes wealstan, wyrde gebræcon;
burgstede burston, brosnað enta geweorc.
Hrofas sind gehrorene, hreorge torras,
hrungeat berofen, hrim on lime,
scearde scurbeorge scorene, gedrorene,
ældo undereotone.
El hombre errante (The wanderer)
Wat se þe cunnað,
hu sliþen bið sorg to geferan,
þam þe him lyt hafað leofra geholena.
Warað hine wræclast, nales wunden gold,
ferðloca freorig, nalæs foldan blæd.
Gemon he selesecgas ond sincþege,
hu hine on geoguðe his goldwine
wenede to wiste. Wyn eal gedreas!
El navegante (The seafarer)
Mæg ic be me sylfum soðgied wrecan,
siþas secgan, hu ic geswincdagum
earfoðhwile oft þrowade,
bitre breostceare gebiden hæbbe,
gecunnad in ceole cearselda fela,
atol yþa gewealc, þær mec oft bigeat
nearo nihtwaco æt nacan stefnan,
þonne he be clifum cnossað. Calde geþrungen
wæron mine fet, forste gebunden
El inglés antiguo, antecesor directo del inglés moderno, fue uno de los idiomas que Borges estudió con más afán. El interés inicial puede haber sido anticuario o genealógico, pero en todo caso, con el tiempo, Borges se convirtió en un verdadero erudito de esta lengua. Los textos que estudió le sirvieron de inspiración para su creación poética y narrativa. Poco estudiados en estas latitudes, tanto el idioma como la literatura de la Inglaterra medieval resultan fundamentales para poder abarcar en su totalidad la obra de este escritor.